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La Liga De Los Hombres Extraordinarios

 La Liga De Los Hombres Extraordinarios

Que Alan Moore es un autor fuera de lo común, eso ya lo sabemos todos. Él es en gran medida el responsable de que hoy en día pueda considerarse este medio de expresión como algo adulto, sin que tengamos que avergonzarnos de leer cómics de superhéroes. Aportaciones al medio como las de La cosa del pantano, V de Vendetta, Watchmen o Promethea elevaron la categoría del cómic al mismo nivel que la mejor literatura.

Sin embargo, Moore ha sido siempre un autor incómodo, el cual no quiso volver al terreno de los superhéroes una vez había deconstruido su particular mitología: en parte, era una decisión lógica. Pero en La Liga de los Caballeros Extraordinarios, Moore volvía al cómic más mainstream, aunque con una premisa sensiblemente diferente: es un enfoque del género superheroico revisado desde la perspectiva de sus orígenes, es decir, desde la literatura fantástica y pulp de finales del siglo XIX y principios del XX.

Los miembros de esta peculiar “liga de la justicia” decimonónica son los héroes de las novelas de Verne, Wells o Stevenson: el capitán Nemo, el hombre invisible, Mina Murray de Drácula, el doctor Jekyll o Allan Quatermain son algunos de los que desfilan por entre sus páginas, formando una alianza “al servicio de su majestad” para desactivar un complot contra el Imperio Británico. Y lo que ofrece el cómic es aventura en estado puro, a la que Moore añade una ración bastante generosa de homenajes literarios, que pueden epatar al lector, si es que éste llega a advertirlos.

A los lápices, Moore cuenta con el afilado estilo de Kevin O'Neill, conocido por su trabajo en Marshall Law, y cuyo estilo abigarrado casa a la perfección con el tono folletinesco de la historia. La versión cinematográfica no hacía justicia de ninguna manera a un cómic que sabe mantener siempre un certero equilibrio entre la acción bizarra, los momentos de humor negro, y las escenas terriblemente explícitas de violencia, sin caer jamás en lo chabacano ni aburrido.

El primer volumen se completa con un breve relato (Allan y el velo rasgado) que busca también rescatar el espíritu de las novelas por entrega, donde Moore sabe casar a la perfección a los personajes de los que se ha apropiado con el universo de pesadillas primigenias de H.P. Lovecraft, un autor al que Moore recientemente está dedicando sus últimas obras. La Liga de Hombres Extraordinarios es un collage asombroso, un prodigio de una mente profundamente culta que vio en la narrativa finisecular un pozo inacabable de personajes y situaciones que rescatar para nuestro disfrute contemporáneo.